Alessandro Baricco me acordó de Italo Calvino, ambos divertidos, platicando con nosotros, sus lectores:
“(Y ahora, si no os morís de ganas de saber qué escribió Benjamin sobre Mickey Mouse, es que estáis francamente mal. Con cierto placer, puedo deciros que, si no me equivoco, esa página no se encuentra en la edición italiana. Por tanto, si queréis leerla tendréis que esperar a la siguiente entrega. Allí la pondré, como una especie de bonus track. Je, je.)”

Alessandro Baricco (Infophoto)
Pero así mismo, aunque Baricco sea habil en invitarnos al dialogo y entretenernos en su prosa, no está para compararlo a las telas envolventes y seductoras de Calvino, que logra conduzirnos al gozo a la risa al relajamiento con sus conjuros sobre papel:

Ítalo Calvino
“Estás en tu mesa de trabajo, tienes el libro colocado como al azar entre los papeles profesionales, en cierto momento apartas un dossier y encuentras el libro bajo los ojos, lo abres con aire distraído, apoyas los codos en la mesa, apoyas las sienes en las manos cerradas en puño, pareces concentrado en el examen de un expediente y en cambio estás explorando las primeras páginas de la novela. Poco a poco te recuestas en el respaldo, alzas el libro a la altura de la nariz, inclinas la silla en equilibrio sobre las patas posteriores, abres un cajón lateral del escritorio para poner los pies, la posición de los pies durante la lectura es de suma importancia, alargas las piernas sobre la superficie de la mesa, sobre los expedientes no despachados.”
Extractos de Los Barbaros – Ensayo sobre la Mutación y Si una noche de invierno un viajero, respectivamente.